visitar un recién nacido

Como sabéis, Hugo nació por cesárea. En un post anterior ya os expliqué como me sentí al regresar a la habitación después de pasar por el quirófano. Las piernas se me iban despertando y me sentía muy dolorida, con ganas incluso de llorar, y allí me esperaban todos mis familiares directos con cara de felicidad. No me importó que me vieran así, pero tenía ganas de descansar. Por suerte, se fueron enseguida. Y es que visitar a un recién nacido puede parecernos una buena idea, porque es un motivo de celebración y felicidad; pero no hay que olvidar que tanto los padres como el bebé acaban de sufrir un gran cambio en su vida y necesitan espacio e intimidad para adaptarse a ella.

Os relataré uno de los momentos más pesados de mi estancia en el hospital. Fue el 21 de noviembre. Hugo había nacido hacía dos días. Yo ya conseguía levantarme de la cama pero no lograba caminar erguida. Cada vez que me ponía de pie e intentaba andar, tenía que sujetarme el abdomen porque tenía la sensación de que todo se me iba a caer al suelo. Pasito a pasito llegué al baño, me desnudé y me duché. Al salir, con cuidado me sequé y conseguí vestirme con la ayuda de mi madre. Al volver a la habitación, arrastrando las zapatillas y dando batazos, me di cuenta de que no estábamos solos. ¡Teníamos visita! Una amiga de mi madre se había enterado de la buena nueva y… no pudo evitar venir a visitar al recién nacido.

También con la ayuda de mi madre, me metí de nuevo en la cama, ya que tenía que colocarme ella las piernas porque si no… veía las estrellas. Mientras, saludé a la mujer con la sonrisa forzada. Entonces, me alargó una planta que me había traído, muy bonita la verdad. Y, tras soltar la planta, se abalanzó sobre Hugo con un “¿puedo cogerlo?”. ¿Y qué le iba a decir, que dejara a mi hijo descansar, que estaba dormido? La mujer no tiene hijos, no sé si sabrá por lo que estoy pasando…, pensé yo. Y mientras el bebé estaba en los brazos de esa señora, se puso a berrear. Lo que más me temía: ya tiene hambre.

Me encontraba muy mal y, cada vez que llegaba la hora de intentar amamantar a Hugo era un suplicio, pues el pequeño no paraba de llorar porque todavía no salía nada. Y allí, delante de la señora, no tuve más remedio que sacarme el pecho esperando a ver si succionando, por fin subía la leche. Tenía ganas de vomitar y de dormir, me sentía desaliñada y ridícula… y entonces pensé: “que se vaya ya, por favor”. Pero no sólo no se fue, sino que entonces entró otra visita.

Sí, confieso. Yo también lo he hecho. Yo también he visitado a un recién nacido en el hospital, pensando que sería una bonita sorpresa para los padres, que era la mejor forma de demostrarles mi amistad. Además creía que era mejor hacerlo así, ya que, después al irse a casa tendrían más trabajo y sería más difícil visitarles. Pero ahora pienso… ¿realmente les gustó y agradecieron mi visita al recién nacido o esperaban ansiosos que me fuera? Quizás no les molestó o, por el contrario, puede que tuvieran ganas de descansar y preferían que me marchara pero, por apuro o por educación, no se atrevieron a decírmelo. Ahora veo que lo mejor por mi parte hubiera sido preguntar.

¿Debemos visitar a un recién nacido en el hospital?

Creo que lo más importante antes de visitar a un recién nacido en el hospital es plantearse si procede y si es realmente necesario. Es decir, debemos preguntarnos si la relación que tenemos con los padres del bebé, ya sea de amistad o de familia, es suficientemente íntima como para verlos, por ejemplo, en camisón, con mala cara o para pillarlos quizás en un mal momento.

Pero, aunque seas familiar directo o un íntimo amigo, al final lo más efectivo para garantizar que tu visita al recién nacido no molesta es preguntar a los afectados si quieren que vayas. O si, por el contrario, prefieren intimidad y presentarte a su bebé más adelante.

Cabe decir que no todas las situaciones son iguales. No es lo mismo haber pasado por un parto natural, que estar recuperándose de una cesárea. Todas las mamás no estarán en las mismas condiciones tras dar a luz, puede que tengan puntos, puede que les esté costando la lactancia materna o que, simplemente, no tengan ganas de visitas. Unas se encontrarán mejor, algunas estarán peor y otras fatal. Depende de muchos factores y sobre todo de la opinión y forma de ser de cada uno. Por este motivo, solo los padres podrán responderte con claridad si quieren que visites al recién nacido.

Pero la mayoría todavía no pregunta y son muchos los que se presentan sin avisar a visitar a un recién nacido. Ya sea en el hospital o en casa. En el segundo caso, puedes ignorar el timbre y no abrir la puerta. Pero si estás ingresada, puede que te los encuentres de sopetón en la habitación. Por eso, creo que todos los centros hospitalarios deberían ofrecer la posibilidad de restringir las visitas para aquellas familias que así lo deseen. Porque, por mucho que estés en un hospital público, no deja de ser tu vida más íntima.

Recomendaciones para visitar a un bebé

visitar a un recien nacido

Pero, ya sea con consentimiento o por sorpresa, si vas a visitar a un recién nacido, no olvides seguir algunos consejos para hacer que tu presencia sea placentera, tanto para tus amigos o familiares, como para el resto de usuarios del hospital:

1. Ante todo, ni se te ocurra visitar a un recién nacido si estás enfermo.

2. Aunque no pidas permiso, estaría bien que avisaras antes de ir.

3. No acudas a visitar a un recién amigo en tropel y armando escándalo. No olvidemos que nos encontramos en un hospital y puede haber gente que se encuentra mal, con otras dolencias. O incluso, en la misma planta, puede haber mujeres que acaban de parir y se encuentran mal o que han perdido a sus bebés.

4. Sigue el horario de visitas e intenta no ir cuando probablemente le toque a la mamá comer o cenar o demasiado pronto o tarde.

5. No vayas a visitar a un recién nacido con las manos vacías. Es muy común llevar algún regalo al bebé, pero tampoco está de más llevarle también un detalle a la madre, quizás es la que más lo necesite.

6. No alargues demasiado tu visita a un recién nacido. Observa y ajusta el tiempo a la situación. Si ves que llegan más personas, vete.

7. Durante tu visita al recién nacido, evita hacer comentarios desagradables o fotos, a no ser que los propios padres te pidan que las hagas.

8. No molestes al bebé. No hagas mucho ruido si está dormido. Y no lo cojas, ni lo beses. Si no puedes evitarlo o sus padres te lo ofrecen, asegúrate de que te has lavado previamente las manos.

9. No des consejos a los recién padres. Cada bebé es un mundo. Y cada mamá también y es libre de criar a su [email protected] como quiera y como pueda.

10. Y, por supuesto, si tras mostrar tu deseo de visitar al recién nacido, te han dicho que no se encuentra bien y que prefieren pasar unos días a solas, sobre todo respétalo. De hecho, tu respeto será lo que más valoren. Puedes ofréceles tu ayuda y comunícales tu alegría con una llamada o, mejor aún, con un mensaje. Otra opción es enviarles unas flores, unos bombones o cualquier detalle al hospital o a casa y así darles una sorpresa, además de no molestarles. No les presiones… ya contestarán, cuando puedan, cuando les vaya bien. Seguro que, entonces, estarán deseando conocer al pequeñ@.

Ahora, con la llegada del Covid-19, por suerte para unos y por desgracia para otros, la situación ha cambiado y en los hospitales no se permiten las visitas. Una vez se llega a casa, la restricción de visitas o no ya es cosa de los padres. Por lo tanto, allí sí que son ellos los que van a decidir, porque no es solo el cansancio de haber pasado un parto, es la recuperación, la lactancia y la adaptación de la nueva vida con el bebé. Atender a las necesidades de un recién nacido y empezar a entenderlo no es fácil.

Tener un [email protected] es un cambio muy importante para una familia y requiere tiempo y espacio. Por eso creo que lo más importante es el respeto y ofrecer a los recién padres la ayuda que realmente necesiten, que quizás es paz e intimidad. O, en otros casos, puede que sea una animada charla a los pies de la cama del hospital con unos bombones. Nadie más que ellos te lo sabrán decir.

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