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Afrontar el parto es uno de los principales miedos a los que se enfrentan las embarazadas, sobre todo las primerizas. Tanto… que hay quiénes prefieren someterse a una cesárea porque creen que se ahorrarán el dolor y el sufrimiento de un parto vaginal. Pero ¿qué supone pasar por una cesárea? ¿Es más fácil y cómodo que el parto vaginal? Yo creo que no. Como ya sabéis, Hugo nació por cesárea programada y reconozco que, en un principio, cuando me comunicaron que así sería, tuve cierta sensación de alivio por no tener que pasar por el trago de la dilatación y las contracciones. Sin embargo, la cesárea es una intervención quirúrgica mayor que hace que la recuperación sea mucho más lenta y dolorosa.

Hugo nació por cesárea porque yo era primeriza y él no llegó a colocarse en posición cefálica (con la cabeza para abajo para poder salir). Venía de nalgas, con las piernas hacia arriba y abiertas. De hecho, la mala posición de los fetos es uno de los principales motivos por los que se practican más cesáreas a las mujeres que van a dar a luz por primera vez. Aunque también existen otras razones, como por ejemplo si durante el parto se presenta alguna complicación.

El nacimiento de Hugo

El jueves 14 de noviembre de 2019 fue cuando supe que Hugo nacería el martes siguiente, es decir, en cinco días. A las puertas de la semana 37, el ginecólogo decidió programarme la cesárea al ver que el bebé no crecía. La adelantó porque, por algún motivo, el bebé no recibía el alimento necesario. Si la cesárea iba bien, Hugo ya no necesitaría incubadora, podría alimentarse mejor en el exterior y seguir creciendo. Y así fue.

Así que preparé los papeleos, las bolsas y todo lo necesario para ingresar el martes en el hospital a la una de la tarde y… cuatro horas después… vi a Hugo por primera vez. La cesárea transcurrió sin complicaciones, ni dolor… aunque sí me produjo algo de impresión, ya que normalmente solo te ponen la epidural, no anestesia general. Así que, en todo momento, estás despierta y eres consciente de lo que sucede y se dice en el quirófano, incluso notas como estiran y te extraen al bebé. Pero no fue nada doloroso, el parto fue muy rápido y, casi sin darme cuenta, Hugo había llegado al mundo. El sufrimiento llegó después.

Se llevaron a Hugo. Lo bañaron, lo pesaron… y su papá hizo el primer contacto piel con piel. Yo, mientras, seguía en el quirófano, donde me cosían la herida de la cesárea. Después, pasé a la sala de recuperación, con frío, sin poder mover las piernas, sola, pensando qué le habrían hecho a mi cuerpo y cómo sería volver a encontrarme con Hugo, al que apenas había visto cinco segundos. Por fin, el celador vino a buscarme. Entonces la zona del abdomen empezaba a despertarse y, cada bache, cada roce de la camilla en la puerta del ascensor o en cualquier esquina me hacía ver las estrellas. Llegué a la habitación y todo eran caras de felicidad. Allí estaba Hugo con su papá y yo empezaba a estar tan adolorida y mareada que más bien tenía ganas de llorar.

Poco a poco, el dolor post cesárea se fue intensificando. Y allí me encontraba, con un bebé demandante, con una sonda e incapaz de levantarme de la cama. Entonces, empezaron los entuertos. Insoportables. No sé si eran tan intensos por la cicatriz de la cesárea y la intervención a la que me habían sometido o también por la oxitocina que todavía me administraban a través del gotero. Y así pasé la noche, casi sin pegar ojo… y, mientras, mi pareja debía atender a nuestro recién nacido, ya que a mí me era imposible.

En los siguientes días en el hospital, cuando me quitaron la sonda y llegó el momento de levantarme, parecía que todo el abdomen se me iba a caer al suelo. No podía caminar, iba encorvada y con un miedo horrible por ir al baño o reírme. Mientras, Hugo lloraba y pedía leche que todavía después de varios días no hacía acto de presencia. Cuatro días después de la cesárea, nos fuimos a casa, aún con dificultades para caminar y dolores que se alargaron varias semanas. Hoy, diez meses después, estoy recuperada, pero la cicatriz todavía me molesta de vez en cuando y sufro malestar en el abdomen.

A pesar de mi experiencia, volvería a tomar la misma decisión y me sometería a la cesárea que permitió que mi hijo naciera sano y salvo en el momento que determinó el ginecólogo. No todo fue malo, según mi experiencia, el parto por cesárea tuvo también sus ventajas, la principal fue saber cuándo nacería mi bebé, sin la incertidumbre de cómo sucedería el parto y sin esperar, asegurándonos su bienestar y seguridad.cesarea

Ventajas de la cesárea

  • Si la cesárea es programada, sabes con antelación el día que nacerá tu bebé. Puedes prepararte y concienciarte, reduciendo la incertidumbre y el miedo.
  • No sufres las contracciones, ni el dolor previo al parto (a no ser que la cesárea se practique de urgencia cuando ya te has puerto de parto).
  • Es muy rápido. Mi cesárea duró unos 20 minutos.
  • El procedimiento de la cesárea es más previsible. El parto vaginal puede necesitar instrumental o incluso acabar después en cesárea. No se sabe cuánto durará, ni cómo irá.
  • La cesárea es un procedimiento cada vez más seguro.
  • Un parto por cesárea supone menos riesgo de incontinencia urinaria y otros trastornos del suelo pélvico, como el prolapso de la vejiga u otros órganos.
  • En algunos hospitales ya permiten el acceso de un acompañante a quirófano, por lo que puedes pasar este momento junto a tu pareja o con quien tú quieras, como en un parto vaginal.
  • Garantiza un parto seguro si existe riesgo.
  • El bebé no sufre tanto al salir, tendrá mucho mejor aspecto.

Inconvenientes

  • La cesárea no te ahorrará dolor y sufrimiento. Si es programada, no tendrás contracciones dolorosas previas al parto, pero una vez se te despierte la zona, padecerás dolor y molestias durante días e incluso semanas o meses.
  • Mayor tiempo de hospitalización. De media, los partos por cesárea suponen de 3 a 4 días de hospitalización.
  • Tras la cesárea, es posible que no puedas hacer el “piel con piel” con el bebé.
  • Puede que retrase el proceso de amamantamiento.
  • La recuperación puede ser lenta y dura. Necesitarás ayuda para atender al bebé.
  • Algunos expertos aseguran que puede haber un mayor riesgo de abortos futuros tras un parto por cesárea y se recomienda esperar más tiempo para tener otro [email protected]
  • Al ser una intervención, existen riesgos de infección y daño a otros órganos. La tasa de mortalidad en cesáreas es superior a la de partos vaginales.
  • Los entuertos pueden ser más dolorosos e intensos por la intervención.
  • Aseguran que la adaptación a la vida extrauterina para el bebé es más traumática, porque éste se prepara durante su paso por el canal de parto

¿Qué hacer si quieres evitar la cesárea?

Hay mujeres que, por convicción, o bien porque no desean pasar por una intervención de semejante envergadura quieren evitar la cesárea a toda costa. Si el motivo por el que puedes verte sometida a esta operación es que el bebé viene de nalgas, hay varios métodos para ayudar a que se gire:

  • Gatear, nadar y realizar algunos ejercicios
  • La moxibustión: una técnica de la medicina tradicional china que aplica calor en puntos corporales según los principios meridianos ligados a la acupuntura. Éste se aplica con puros o moxas hechos con raíz de la plata de Artemisa cerca del punto correspondiente al meridiano de la vejiga, en el quinto dedo del pie empezando por el izquierdo. Se cree que es efectivo entre el 74 y 92% de los casos.
  • La versión cefálica externa: es una maniobra para darle la vuelta al feto que se practica a partir de la semana 37. Aunque supone unos riesgos y se desaconseja en algunos casos, está recomendada por la OMS.

Saber a qué nos enfrentamos

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No hay que olvidar que la cesárea es una intervención quirúrgica mayor que, según la OMS, debe reservarse para aquellos partos de riesgo o con alguna complicación para el bebé o la madre y que este tipo de partos no deben superar el 15% del total. Sin embargo, en los países desarrollados, cada vez se practican más cesáreas. Incluso hay mujeres que piden directamente que su parto sea por esta vía, porque creen que será mucho más fácil y llevadero.

Es cierto que la cesárea, hoy en día, es una intervención segura, muy antigua y muy habitual en todo el mundo. Existe documentación que indica que los romanos ya hacían procedimientos similares para extraer bebés de mujeres que morían embarazadas. Pero la tasa de mortalidad entre las madres se mantuvo muy alta hasta el siglo XX. Hasta que la tecnología y el avance de la técnica han permitido reducir el riesgo.

En definitiva, la cesárea es una técnica que permite garantizar un parto seguro para la madre y el bebé. Nada más. No por someterte a una cesárea significa que no has tenido un parto, no significa tampoco que no vayas a sufrir. Puede que no pases por el proceso de dilatación, puede que de repente entres en un quirófano sin haberte puesto de parto y salgas con un bebé; pero eso no quiere decir que tu cuerpo no lo vaya a notar. Ya sea por necesidad o por voluntad propia, someterte a una cesárea tiene sus ventajas e inconvenientes. Cabe valorarlos y saber a qué nos enfrentamos previamente para tomar la decisión que nos asegure el mejor paso posible por el puerperio y sobre todo que nos garantice la salud y bienestar de nuestro bebé y de nosotras mismas.

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