rabietas

La imagen de un niño tirado en el suelo, pataleando y gritando en medio de un supermercado. Yo pensaba que eso era algo excepcional. Pero estas vacaciones, muy a mi pesar, he descubierto que mi hijo es de esos, que también tiene rabietas. Y entonces, me pregunto, ¿es porque lo he malcriado? ¿Porque es muy caprichoso? ¿O todos los niños y niñas son así? Sin duda, en mi aventura como madre primeriza, hasta ahora, la peor de las experiencias ha sido descubrir el oscuro mundo de las rabietas.

Hugo y yo pasamos unos días de vacaciones con sus abuelos en el Delta de l’Ebre. Y fue ahí donde tuvo su primera gran rabieta, que nunca olvidaré. Como le gusta tanto el agua, le enseñé la piscina y a tirar piedrecitas en las fuentes que hay en las zonas comunes del edificio. Al volver a pasar por delante, quería jugar más con las piedras, pero era hora de comer y nos esperaban en el restaurante. Fue entonces cuando le dije NO y cuando empezó a llorar y a gritar. Se tiró en el suelo, llorando y dando patadas. Intenté explicarle la situación, decirle que teníamos que irnos, pero él seguía gritando, apartándome con la mano si intentaba consolarlo.

Mi primer impulso fue alzar la voz y mandarle callar para que cesara su comportamiento. Pero recordé que quizás no lo entendía y que esa no debe ser la vía. Así que intenté, sin éxito, dialogar con él, explicándole que teníamos que marcharnos a comer y que luego iríamos a jugar con el agua. A veces funciona. Cuando quiere algo, le explico que no puede ser y lo acepta. Pero entonces no fue así. Estaba tan frustrado, que no atendía a razones. Finalmente, a los 10 o 15 minutos y cuando vio que salíamos de casa, se le pasó la rabieta.

En este caso, Hugo quería algo y como no podía conseguirlo lo expresó con una rabieta. Pero los berrinches pueden ser también porque desean evitar una situación (por ejemplo, no quieren comer o bañarse), porque quieren llamar nuestra atención, porque necesitan expresar su frustración por algo o incluso porque están cansados o tienen hambre.  Intentar comprender a nuestros hijos y sus sentimientos puede ser fundamental para hacer frente a las rabietas de forma eficaz. Pero eso es tarea difícil cuando todavía no hablan, como el mío.

Lo que me dejó más tranquila es saber que se trata de una etapa normal y necesaria para su desarrollo. Según los expertos, todos los niños y niñas tienen que pasar por la fase de las rabietas para forjar la persona y aprender a tolerar la frustración. Sin embargo, a mi se me hace una montaña cada vez que ocurre.

¿Qué hacer ante una rabieta?

  • Lo más importante, en el caso de que la rabieta sea por algo que quieren, es no ceder nunca. Es mejor no darle lo que pide durante el berrinche. Esta es la regla número 1. Si damos a [email protected] [email protected] aquello que quiere, de repente, la rabieta cederá. Entraremos en un remanso de paz, [email protected] [email protected] estará feliz y todo volverá a ser como antes. Sin embargo, él o ella aprenderá que con una rabieta podrá lograr siempre lo que quiere y, cada vez, utilizará más este recurso.
  • Mantener la calma y comprender que las rabietas son una situación incómoda también para [email protected] [email protected] que no saben como gestionar la frustración.
  • No gritarles durante una rabieta, porque pueden aprender que eso es un comportamiento habitual y que es la forma de gestionar una crisis o frustración. Además ellos lloran, aunque creamos que es sin sentido, pero sufren y lo harán más si les atacamos.
  • Durante una rabieta es mejor no dejarles solos y aunque no quieran ni un abrazo hay que estar a su lado. Pues ellos sufren, lo están pasando mal de verdad y no saben como gestionarlo. Tienen que saber que sus papás van a estar allí siempre.
  • Lo que más me ha funcionado hasta el momento para hacer frente a una rabieta es distraer la atención de Hugo con otra cosa. Podemos intentar explicarle que no puede ser lo que ellos quieren pero, a veces, ni nos escuchan. Por eso, lo más efectivo es entretenerlo con otra cosa y no seguir hablando continuamente de aquello que les genera frustración.
  • Prevención. Evitar las rabietas al máximo. Si sabemos que va a hacer una pataleta porque querrá subir a unos columpios al verlos, podemos intentar pasar por otra calle para que no los vea. No sé si es efectivo a largo plazo, pero sí a corto.  Así mismo, nos podemos plantear las prohibiciones que le imponemos y le causan rabietas. ¿Son realmente necesarias? ¿O podemos ser más flexibles en algunos casos para evitar estas situaciones?

Según los expertos, las rabietas pueden durar desde los 18 meses y empeorar a los 2 o 3 años. Hugo tiene 20 meses y ya estamos de lleno metidos en los berrinches. Esperemos poder gestionarlo, que aprenda a tolerar la frustración y que esta etapa oscura pase pronto.

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1 Comment

  1. silu.es says:

    Muchos de nuestros pequeños, a veces, tiene ataques de rabia provocados por el aburrimiento o por alguna molestia no aparente. En esos momentos, lo que hay que hacer es despistarlos, con el fin de que se olviden de lo que estaba pasando. Por ejemplo, jugar con ellos a medirse y fantasear con lo que le ocurrirá cuando crezcan, es una buena opción.

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